Boomerang es un artículo de Jon SALABERRIA, miembro de Jarrai, publicado en la página 8 del diario EGIN del día 19 de julio de 1997 en la sección Kolaborazioak, dentro del Debate abierto por el diario con el título EN TORNO A LOS ULTIMOS SUCESOS.


      El texto es el siguiente:

      Boomerang


      Es difícil, en estos momentos, meter la cabeza en el congelador, dar una ducha fría al corazón y atarse los puños. Los ataques, la histeria, la mentira sistémica y sistemática dan un carácter de urgencia a la respuesta masiva y contundente. Pero eso es tema de calle, no de escritura. Eso sí, antes de pasar a las letras un caluroso abrazo a todos los abertzales que estáis defendiendo frente a las herrikos, en las fiestas de Santutxu, en Iruñea, Donostia o Gasteiz la dignidad y la libertad de Euskal Herria frente a tanta barbarie española. La función de estos párrafos es más sencilla, pedagógica. Pretendemos hacer público un puñado de reflexiones que sirvan para combatir tanta infamia. Conscientes de la dificultad de ello, pretendemos dar argumentos y echar algo de luz a la realidad que estos días vive Euskal Herria.

      "Bajo ninguna idea política, por legítima que sea, se puede acabar con una vida humana". Toda una máxima que se convierte en ínfima cuando por una idea política, "los españoles no podemos ceder al chantaje", se decide dar un trágico final a una situación que tenía una salida tan fácil, legal, y por otro lado imparable, como es el fin de la dispersión de los presos vascos.

      Por supuesto que a los diseñadores de toda esta estrategia y a muchos de los que durante una larga semana se han dedicado a condenar la acción de ETA les ha importado un comino la vida del concejal Miguel Blanco. Eso sí, un comino oculto tras toneladas de falso orgullo, de lágrimas de cocodrilo, incitamiento a la histeria colectiva y tolerancia asesina. Una ponzoña que trata de esconder las miserias de un estado decadente.

      Merecen también una mención y una sincera llamada a la reflexión, aunque sea a otro nivel, a todos aquellos que tras una legitimidad autogestionada se han dedicado a dar de comer a una estrategia que sólo conduce al recrudecimiento del conflicto y al envalentonamiento del fascismo español. Si hubiesen dirigido su indignación y buena voluntad a exigir al Gobierno español una solución, quizás hubiesen hecho de contrapeso a tanta irracionalidad y cólera teledirigida. Que piensen por un momento: ¿Qué hay que hacer para que traigan a los presos a Euskal Herria? En la respuesta a esta pregunta está la clave de lo que está pasando. No, hablar de tiempo al tiempo no vale. La dispersión mata.

      La convocatoria del Pacto del viernes pasado es clarificadora y concluyente. Bajo la excusa-farsa de la "imposibilidad material para hacer efectiva la exigencia de ETA" subrayaron su condición de unidad. No por ser uno más uno, sino por ser un único partido sin proyecto ni ideología con un único fin: aniquilar el proyecto independentista vasco. La enésima batalla final contra Euskal Herria.

      El Pacto, sumido en una profunda desesperación y cuasi-desaparición ante la Euskal Herria real, ante la capacidad de ETA, ante la unidad sindical abertzale, ante el grito atronador "Presoak Euskal Herrira!", ante la socialización de la Alternativa Democrática, ante... ha recurrido a las bandas de legionarios y mercenarios. Tras una campaña mediática y la manipulación de las masas, todo preparado para poner a trabajar a los "incontrolados" españoles que habían sido desterrados de las calles vascas hace décadas. Esa es la esencia del Pacto. Su razón de ser y el verdadero propósito de toda esta operación. El Pacto ha estrangulado con un gran lazo azul a los Egibar, Arzallus, Garaikoetxea, Madarazo y compañía, ahogándolos en su cobardía que les impide plantarse ante el Estado y apostar por recuperar para Euskal Herria los derechos que le corresponden. Claro que para ello hay que priorizar el futuro colectivo a los privilegios personales, los intereses del conjunto de la población a los de una clase social pudiente, hay que arriesgar y luchar, hacer frente a la represión y sobre todo tener dignidad.

      Los mandatarios españoles han preferido darse un baño de multitudes, regocijarse en la ofensiva contra-abertzale, a dar una salida justa a una situación cuya solución era tan beneficiosa para todos, para el conjunto de la sociedad vasca, que evidentemente no interesa ni un poquito a Madrid.

      Mayor Oreja se ha pasado año y medio preparando la puesta en escena de un desenlace fatal. El Ministerio de Interior español ha puesto en práctica la ofensiva que tenía preparada desde que decidió que preferían encontrar a Ortega Lara en una cuneta a buscar la solución a su arresto. La razón es evidente: el fin de la dispersión, además de garantizar el respeto de los derechos humanos de un colectivo tan valioso para Euskal Herria cómo el de los presos políticos, es un rayo de luz en el abismo al que intenta condenar el Estado español a este pueblo. El fin de la dispersión supone desactivar un foco importantísimo de sufrimiento, supone respetar los derechos de un colectivo, supone el comienzo del respeto de la voluntad de la mayoría de los vascos.

      Hemos vivido, en vivo u en directo, una campaña mediática al más puro estilo "hitleriano" digna de análisis. Cuando decimos análisis, queremos decir que los profesionales, profesores o alumnos de esa noble profesión deberían dedicar unas cuantas horas a discutir sobre ello. Torquemada no hubiera quemado más libros de la Facultad de Periodismo en tan sólo 72 horas.

      Sinceramente, podrán decir misa, pero les ha podido la soberbia. A la vista de todos está el nivel de responsabilidad de los medios de comunicación españoles y sus extensiones en Euskal Herria, de los juntaletras de Madrid y Durando, en todo lo sucedido durante la última semana. Ni un minuto de reflexión, ni una frase encaminada a buscar soluciones, a generar un clima favorable a una solución positiva. Han dado demasiadas vueltas al tornillo, han instrumentalizado el sufrimiento ajeno hasta la extenuación. Teleberris interminables, especiales y maratonianos manejando sentimientos. Llamamientos al derramamiento de sangre abertzale para saciar la venganza española. Otro botón de muestra del carácter democrático del Estado español: inexistencia de pluralidad informativa y mando único de información.

      Por nuestra parte, deberíamos tomar en consideración el hacer un boicot cotidiano y sistemático a todo ese entramado parapolicial. O construimos un colador efectivo contra tanta basura informativa o es mejor no consumirla.

      A los fascistas españoles, al PP/UPN y al PSOE, a los gorileros de la UGT, a la morralla que se ha vendido por cuatro duros y alguna otra contraprestación, a los adictos a la motito y la gomina: han visto demasiada televisión y por un momento se han creído que esto es Elche, Sevilla o la Plaza Mayor de Madrid. Esto es Euskal Herria y tan pronto como despierten, un escalofrío les va a recorrer el cuerpo.

      La violencia llegó a Euskal Herria de la mano de los españoles y vamos a echar de nuestro pueblo a los españoles violentos que lejos de respetar a un pueblo que les acogió hace décadas, pretenden que los vascos seamos extranjeros en nuestra propia tierra. Ojalá que estos ataques sirvan para que más de un ingenuo entienda por fin lo determinante que es para este pueblo no renunciar a nada. Ojalá entiendan que este conflicto no es una película de buenos y malos sino un proceso de liberación nacional en el que un pueblo sometido hace frente, día a día, a un Estado español matapueblos y asesino al que basta darle un milímetro de ventaja para que haga irreversible la desaparición de Euskal Herria.

      Algunos entonan el "estamos hartos" para justificar sus posiciones. ¿Hartos quizá de la tortura? ¿De un nuevo caso de secuestro, torturas y asesinato de un joven militante vasco hace tan sólo unos meses a manos de la Policía? ¿Hartos del paro, la "juvenilización" de la pobreza y el chantaje a los trabajadores? ¿Hartos de que se juzgue a tres jóvenes por pintar unas señales de tráfico e inscribir sus rótulos en euskara?. No. De lo que están hartos es de no poder callar sus malas conciencias ante tanta injusticia, de no poder dormir conscientes de su cobardía. Prefieren dar la razón al agresor que luchar, que acaben con la izquierda abertzale y punto. El que se harta únicamente de lo que le dice la televisión que se harte, tiene el corazón podrido.

      Nuestra decisión es firme y vamos a ganar. Hay que apagar la maldita televisión, salir a la calle y generar nuevas dinámicas para traer ¡ya! a los presos a Euskal Herria. Hay que romper en mil pedazos el inmovilismo español. En dos años este pueblo ha sembrado tal volumen de ilusión y fuerza que ninguna operación española va a conseguir desactivar esta lucha. Los presos políticos vascos han unido a gentes de todos los rincones de Euskal Herria, han sido capaces de que militantes y simpatizantes de todos los partidos vascos trabajemos conjuntamente, han unido sindicatos, infinidad de grupos juveniles, culturales...Se han convertido en la columna vertebral de este pueblo.

      Pongamos en marcha la "estrategia del boomerang". En una semana el enemigo ha dado tantas razones a este pueblo para seguir luchando, nos han reafirmado tanto en la necesidad de que este pueblo tome cuanto antes la palabra y haga valer sus decisiones, que por duro que resulte decirlo, por mucho que proyecten lo contrario, avanzamos.

      El proyecto político independentista, nuestro proyecto de pueblo, se concreta en el día a día. Cada abertzale, cada grupo y sector social debe desarrollar sus propias dinámicas de construcción nacional, sus propios modelos para vivir y disfrutar de este pueblo. Desde lo más pequeño hasta lo más grande, sin más límites que los que los vascos queramos. Haciendo de cada imposición, de cada ataque un motivo de lucha. Cada joven que se independiza, cada mujer que hace valer sus derechos, cada nuevo euskaldun... van conformando una unidad, un colectivo. Cada pequeña muesca de independencia arrancada a los sistemas español y francés forma parte de un futuro de libertad individual y colectiva.

      En nuestra imagen mental de independencia no corre una suave brisa, ni los bosques tienen un verde más bonito, ni todo huele a hierba recién mojada por la lluvia. La independencia no es una panacea. Euskal Herria lucha por construir un futuro digno, de justicia y libertad. Un futuro que no tiene un camino fácil sino duro y sinuoso, que sólo se puede entender en parámetros de lucha. Una lucha y unos objetivos que entusiasman y hacen sonreír de solo pensarlo. Y todo eso continúa desde hoy, comenzó hace siglos, décadas, con mucha prisa y sin ninguna pausa. La próxima cita es sin duda la manifestación nacional convocada por Herri Batasuna. ¿Aislar a Herri Batasuna? Esa canción nos suena. La dispersión está acorralada y por muchos medios que tengan, por mucho que manipulen y pongan vendas en los ojos de la gente, la imposición española también.

      Por cierto, una última cuestión dirigida a responsables políticos de la Policía del pueblo...español y a los jueces tan comprometidos con la democracia y la defensa de las libertades: ¡Hay algún agresor español detenido? ¿Se está investigando la estructura aparentemente desorganizada de tanta violencia difusa?

      Jon SALABERRIA

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